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sábado, 17 de septiembre de 2011

En el vacío...


Nunca me había sentido así, nacido en la oscuridad, hace tanto tiempo ya, y en el despertar abro los ojos para encontrar solo más oscuridad. Mis ojos no encuentran diferencia entre mis párpados y el muro, entre la luz y la no luz. Estoy de pie desnudo donde nadie puede verme y no veo a nadie, el silencio absoluto vestido con el vaivén de mi respiración. Mis sentidos aturdidos por la ausencia de referencias de cualquier tipo, mi miedo curioseando los límites de mi cuerpo.

Soy un niño en una casa muy grande.

Me tambaleo. No sé donde termina mi pie y donde comienza el piso. Estiro la mano y la oscuridad sofoca mi respiración. Tengo que abrir la boca para que el oscuro aire entre en mí, porque me ahogo, me ahogo de esta negrura, de este terciopelo negro que me venda los ojos y que me invita al terror. Los monstruos son reales, y viven en mí, los oigo moverse dentro de mí, haciendo rechinar mis huesos a cada inseguro paso. Me dicen sus nombres, me susurran dulces palabras, invitándome más hacia adentro de mí “no salgas”, a mis sótanos “quédate conmigo” y mis tapancos “no tengas miedo”, a mis baúles “yo estoy contigo” y mis clósets “yo nunca te dejaré”. El hogar de los monstruos, la hora de las brujas.

Se siente suave esta piel, esta piel color noche, este cabello de profundo deseo, este suspiro que me lleva al siguiente paso. De repente, ya no me interesa llegar al final del cuarto, no importa si no encuentro la luz. Es tan cómodo aquí, es tan acogedor. Esta oscuridad siempre me ha deseado, y hasta ahora, pienso que quizás le pertenezco. ¿Será por eso que me busca? ¿Porque me escapé demasiado pequeño huyendo de lo que soy? ¿Me olvidé de mí? Sí me olvidé de mí.

La luz no es más que un recuerdo lejano, una vieja fotografía en el rincón de mi mente. Quizás es solo una ilusión o algo que yo imaginé. Quizás esto es todo lo que es real. Se siente tan viva esta oscuridad, respirándome en la cara, besándome con sus fríos labios mi boca, amándome tal y como a un niño se ama, con ternura, con cuidado, con celo.

Ya no importa más, no importa lo que haya existido antes, no importa lo que vivió junto a mí. No quiero el pasado, pero no lo suelto, porque en algún lugar lo haré realidad. No importa el futuro, pero lo busco, porque ella tiene que estar ahí, en algún lugar.

No importo yo… pero por alguna razón, alguna idiota y egoísta razón, por alguna insignificante y dudosa razón, me niego a morir. ¿Por qué? ¿Por qué no?

Pero ella viene a buscarme…

…y yo me dejo llevar.

1 comentario:

protaro dijo...

magistral como siempre, mi estimado