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martes, 14 de abril de 2009

La Muñeca Rota.


No era de esas muñecas inocentes que desde que la vez tienes ganas de abrazarla y mimarla... de hecho, no sé, no recuerdo como es que llegó a mi cuarto. Solo sé que siempre ha estado ahí, en esa silla, observándome, desde su trono majestuoso entre todos los juguetes, con su mirada fija en mí.

No me ha traido alegrías, y la verdad, tampoco tristezas, pero hay algo que me inquieta. Es como si estuviera viva, como si fuera una persona muda, no sorda, porque estoy segura de que me escucha, sino una persona, pues, silenciosa.

Sigo durmiendo en mi cuarto, y por supuesto, ella sigue ahí, en su omnipresente silla, dominando todo mi espacio. No sé si me vigila para cuidarme o si está ahí por morbo... o peor aún, esperando algo. ¿Qué? No sé... pero esperando.

Creo que con el paso de los años, sus ojos han cambiado, y ya no son los que simulan ser los de una niña. Ahora son los de una mujer en un cuerpo de porcelana. Y no dejan de verme.

Y anoche creo que escuché su voz... dijo que venía por mí. O quizás lo soñé.