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lunes, 7 de septiembre de 2009

Yo te conozco...



No recuerdo cuando fue que entraste en mi vida, pero ahora no encuentro el momento de deshacerme de tí. Te odio. Te odio como nunca imaginé poder odiar a alguien.

Siempre estás ahí, junto a mí. Podría jurar que desde el momento en que nací estabas en el mismo cuarto, observándome desde la oscuridad, en ese rincón al que nadie voltea, porque saben que se van a encontrar contigo. Maldito desgraciado. No me has dejado en ningún momento. En todo momento siento tu presencia, cuando estoy solo o cuando estoy acompañado. Me duermo contigo y despierto y estás ahí, junto a mí. En la calle siempre volteo sobre mi hombro esperando ganarte, pero desapareces de mi vista, y sin embargo sigues ahí.

En cada desgraciado momento de mi vida has estado ahí: cuando te la llevaste, cuando me lastimaste, cuando te lo llevaste a él también, cuando me dejaron solo. Ni siquiera cuando quería llorar pude dejar de verte. Y ahora por fin veo tu rostro. Ya te conozco. Ya sé quien eres. Debí suponerlo.

¿Sabes? Cargo un arma. Sí, seguro lo sabes. Y la bala que trae es para tí. Tiene tu nombre. Tiene tu maldito nombre. Desgraciado.

Pero en todos veo tu rostro. Cada persona que veo en la calle tiene tu jodido rostro.

Pero esta bala tiene tu nombre.