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sábado, 17 de septiembre de 2011

En el vacío...


Nunca me había sentido así, nacido en la oscuridad, hace tanto tiempo ya, y en el despertar abro los ojos para encontrar solo más oscuridad. Mis ojos no encuentran diferencia entre mis párpados y el muro, entre la luz y la no luz. Estoy de pie desnudo donde nadie puede verme y no veo a nadie, el silencio absoluto vestido con el vaivén de mi respiración. Mis sentidos aturdidos por la ausencia de referencias de cualquier tipo, mi miedo curioseando los límites de mi cuerpo.

Soy un niño en una casa muy grande.

Me tambaleo. No sé donde termina mi pie y donde comienza el piso. Estiro la mano y la oscuridad sofoca mi respiración. Tengo que abrir la boca para que el oscuro aire entre en mí, porque me ahogo, me ahogo de esta negrura, de este terciopelo negro que me venda los ojos y que me invita al terror. Los monstruos son reales, y viven en mí, los oigo moverse dentro de mí, haciendo rechinar mis huesos a cada inseguro paso. Me dicen sus nombres, me susurran dulces palabras, invitándome más hacia adentro de mí “no salgas”, a mis sótanos “quédate conmigo” y mis tapancos “no tengas miedo”, a mis baúles “yo estoy contigo” y mis clósets “yo nunca te dejaré”. El hogar de los monstruos, la hora de las brujas.

Se siente suave esta piel, esta piel color noche, este cabello de profundo deseo, este suspiro que me lleva al siguiente paso. De repente, ya no me interesa llegar al final del cuarto, no importa si no encuentro la luz. Es tan cómodo aquí, es tan acogedor. Esta oscuridad siempre me ha deseado, y hasta ahora, pienso que quizás le pertenezco. ¿Será por eso que me busca? ¿Porque me escapé demasiado pequeño huyendo de lo que soy? ¿Me olvidé de mí? Sí me olvidé de mí.

La luz no es más que un recuerdo lejano, una vieja fotografía en el rincón de mi mente. Quizás es solo una ilusión o algo que yo imaginé. Quizás esto es todo lo que es real. Se siente tan viva esta oscuridad, respirándome en la cara, besándome con sus fríos labios mi boca, amándome tal y como a un niño se ama, con ternura, con cuidado, con celo.

Ya no importa más, no importa lo que haya existido antes, no importa lo que vivió junto a mí. No quiero el pasado, pero no lo suelto, porque en algún lugar lo haré realidad. No importa el futuro, pero lo busco, porque ella tiene que estar ahí, en algún lugar.

No importo yo… pero por alguna razón, alguna idiota y egoísta razón, por alguna insignificante y dudosa razón, me niego a morir. ¿Por qué? ¿Por qué no?

Pero ella viene a buscarme…

…y yo me dejo llevar.

lunes, 18 de julio de 2011

The Human Cathedral



I hear footsteps walking down my corridors
I see the light falling down in dying pain
I lick the darkness from my pasty walls
I feel the loneliness of my tired being

The dry eyes in my velvet windows
Follow me through my silent walk
And the everlasting spirit whispers
My name, and the need to talk

Don’t run away my little baby
There’s nowhere you can hide
But run if you want to little baby
It’s always fun to see you try
You know the bitter end is coming
You know nothing will ever last
Your every mourn and every sorrow
They are going to fall down sometime
And with the cold winter coming
The bright snow will paint it all white
Your sins and virtues are nothing
Underneath the shining light
So close your eyes and feel the wind blow
Let it take away your sickened pride
Let it take away your filthy honor
You won’t need them in your final shrine
We all come down to worship someone
And to become idols in our proper time
So go and run away now my little baby
And find your place among your gods
I think I’ll stay between my demons
At least, they make me feel welcomed
Every time I feel I’m going to fall apart

I hear the footsteps now leaving
The light is melting into black
The darkness is crawling up my walls and painting
His name upon my sadness hall

Farewell my beloved one
The one that makes me god
The one that kneels and loves me and kisses me
The blessed one, the holy one
My holy child.

domingo, 2 de enero de 2011

El Hombre Deconstructor



El Hombre Deconstructor
Deus

Siento como si de mi espalda se desprendieran edificios, torres, puentes y ciudades enteras mientras camino, poblaciones enteras que, mientras mueren, gritan mi nombre y piden misericordia por tiranías en contra de mi propia inocencia y de mi propia humanidad.

En mi cabeza escucho los gritos de miles de personas muriendo, personas que no conocí, pero que voy a extrañar de todas maneras. Que amo con todo mi corazón pero que también odio con todo mi ser.

Amo la nostalgia de sus voces mientras ruegan a su dios, yo, mientras me piden misericordia y me piden perdón. Pero odio la tristeza que acompaña esa nostalgia, y me odio a mi mismo por haberme enamorado de ese fantasma tan dulce al olor y tan amargo a la memoria, invisible maldito pero vivo en cada detalle.

Lágrimas atrapadas en la garganta, ahogándose en mi propia saliva, y piedras que sangran mi voz al hablar del presente, del pasado, del futuro, de los mundos imposibles y de todos sus habitantes. Dolor en mis manos y animales en la nuca que no me puedo sacudir, pero que sé que están ahí, que siempre han estado y siempre estarán, carcomiendo mi cráneo y viendo a través de mis ojos.

Te siento a ti, mi gemelo maldito. Te siento. Respirando sobre mi hombro, manoseando mi memoria… tocándome.

Veo tus ojos negros penetrándome y violándome, con tus dientes negros y tus manos sucias, tocándome por dentro, manchando y ensuciando mi casa, mis paredes, mi hogar, donde los besos dejan de importar y el llanto es un cruel eco de las risas que habitaron alguna vez ese lugar.

Odio tu rostro, cara arruga, cada centímetro, tan familiar, tan conocido. Monstruo que me has seguido todos estos años, oliendo mi rastro, huella tras huella, mi esencia tan tuya, porque donde yo termino, tú comienzas.

Te veo tan claramente, conozco tu nombre, siempre lo conocí, solo que antes, cuando yo era un niño, no importabas. Eras nada para mí, nada. Pero creciste conmigo y fuiste conmigo a todos lados, te fuiste fortaleciendo, ganando experiencia y fuerzas… Y yo sabía lo que estabas haciendo, pero entonces no me importabas, me decía a mi mismo que no importaba lo que hicieras, que nunca podrías conmigo. Pero tu mirada estaba ahí siempre.

Y creciste, como un hermano deforme al que se esconde en el ático, como un hongo entre las raíces o como un bebé en los impenetrables brazos de su madre.

Yo te veía, escondido entre las sombras, pero entonces tomabas la forma de un juguete, y de reojo eras solo una ilusión visual, como ese furtivo movimiento que nos hace voltear la cabeza, pero eres rápido, tan rápido que me alcanzaste, y aquí estás, junto a mí, al final de mi vida.

Todos se fueron, todos. A todos los perdí. Pero tú aquí estás, junto a mí. Como siempre lo has estado. ¿Será que al final fuiste tú mi mejor amigo?

Maldito seas, bendito seas, da igual. Al menos tú te quedaste conmigo.

martes, 10 de agosto de 2010

10...



1…

Están ahí, nadie los ve pero yo sí los veo, en las cortinas, en el ropero, en la ventana, en mis muñecos, en el cabello de mi hermana, en la oscuridad. Están en todas partes, pero nadie me cree. Unos están sonriendo y otros no. Unos parece que se burlan y otros estoy seguro de que me odian. Tienen diferentes caras, unos son payasos y otros monstruos, unos animales y otros hombres. Todos me observan, como si esperaran algo de mí, como si quisieran que yo les diera algo, pero los vigilo y los veo yo también, para sorprenderlos al primer movimiento. Pero hay uno que no veo, hay uno que es el peor de todos, el que me da más miedo, no lo veo pero sé que está ahí, se siente... Es el que vive debajo de mi cama.

2…

Nunca me he atrevido a asomarme más allá de la orilla de mi cama, pero no hay duda, mi mamá podrá decirme que no hay nada, que todo es mi imaginación, pero ella no ve las cosas como yo lo hago, no sabe lo que yo sé. Ella ya creció y sus ojos han cambiado y no se da cuenta de muchas cosas, pero yo sí, yo sé lo que pasa. El tren que se me perdió seguramente está ahí, pero por mí que se lo quede. ¿Me podrá ver él a mí? ¿Y si me ve a través de la cama? No, que no lo haga. Siento cosquillas en mis piernas y mis pies, pero no son cosquillas de las que me gustan, siento como si gusanos de esos que tienen muchas patas subieran por mi piel. Recojo mis piernas y sigo contando. Y le pido a Dios que mis ojos nunca cambien.

3…

¿Cómo puede dormir mi hermana tan tranquila? ¡Simplemente se acostó y se quedó dormida! Yo no podría hacer eso. ¿Cómo será morir? ¿Hará frío? ¿Te dará hambre? ¿Se podrá regresar de la muerte? Yo no quiero morir. Cuando crezca, voy a ser doctor y voy a crear una vacuna para que nadie muera. Voy a hacer que mi papá viva de nuevo. Y vamos a ser como una familia de nuevo, no como lo que somos ahora con ese señor que se duerme con mi mamá y que…

4…

Tengo ganas de hacer pipí. Pero no me quiero bajar de la cama. Por favor Dios, quítame las ganas de hacer pipí.

5…

Siempre llega cuando cuento a las 10. Yo no quiero. Antes yo era muy valiente, mi papá siempre me lo decía. Yo no le tenía miedo a la oscuridad ni a la gente, principalmente a los adultos, pero todo cambió desde que mi papá murió. Estoy seguro que mi mamá y mi hermana lo extrañan, pero no tanto como yo. Así ese hombre no estaría con mi mamá y no nos… lastimaría a mi hermana ni a mí. Y yo no le tendría miedo al monstruo que vive debajo de mi cama. Ahora que lo pienso, creo que ese señor lo trajo. Antes yo no tenía miedo.

6…

No se oyen ruidos. Eso me asusta. Encojo mis pies y me abrazo las piernas. Estoy cubierto hasta la cabeza y le pido a Dios que me haga invisible. ¿Por qué nadie me cree? El monstruo trajo a toda su pandilla con él. Y se esconden en las cortinas y los muebles. Se esconden en mis juguetes y en mi closet. En mis cajones. ¿Cómo le harán? En el día no tengo miedo de buscar mis calcetines pero en la noche no me atrevo a abrir mis cajones. Se esconden ahí y yo no me atrevo a sacarlos. También se pueden quedar con mis calcetines si quieren.

7…

Ya me hice otra vez pipí en la cama. Mamá me dice que tengo que pararme a hacer pipí en el baño, pero me da miedo. Prefiero estar todo mojado que pararme porque estoy seguro que él me agarraría. Seguro me va a regañar y a pegar mañana.

8…

Prefiero los monstruos de las cortinas. Al menos puedo vigilarlos, pero no al que está debajo de la cama. Si fuera una hormiga me escaparía por la ventana, o si fuera grande como mi papá, podría enfrentarlo, pero no puedo, soy chiquito, tengo… así de años y no puedo. Si pudiera volar tomaría a mamá y a mi hermana y me la llevaría por la ventana. Muy lejos de aquí. Al infinito y más allá.

9…

Oh no… Se oye que se mueve, se oye como se arrastra exactamente debajo de mi cama, como si fuera una serpiente. Me da asco. Tengo miedo. Diosito. Tengo mucho miedo, lo oigo acercarse, aquí viene. Me quiero hacer el dormido pero no puedo porque estoy temblando. Tengo mucho miedo. Diosito ayúdame. Ya está aquí.

10...

-Hola, “hijo”.

jueves, 3 de junio de 2010

La Velocidad de la Luz...


-¿Cómo dices que te llamas?
-Azrael.
-Muy bien Azrael, antes de que nos vayamos, te quiero explicar esto, no te preocupes, porque va a ser de una manera muy sencilla para que me entiendas, ¿de acuerdo?
-De acuerdo Albert, y te lo agradezco.
-Agradécemelo cuando lo comprendas. Pareces ser un chico listo, pero no está demás simplificar las cosas. Mira, yo le llamo a mi teoría la teoría de la relatividad, y tiene mucho que ver con los descubrimientos de Galileo, ¿conoces a Galileo?
-Por supuesto que sí, de hecho, he platicado con él un par de veces. Algo obstinado, pero de buen corazón, sin duda.
-Bien, pues, a ver, ¿alguna vez has estado en un avión?
-No los utilizo para volar, pero si he estado en varios de ellos. Más de los que quisiera contar.
-Muy bien, ¿te has preguntado porqué una sobrecargo en un avión no sirve la comida mientras hay turbulencias, y espera a que deje de agitarse el avión antes de colocar las bandejas? La razón es obvia: si intentase servirnos mientras el avión se está moviendo nos echaría todo encima. La pregunta te puede parecer una bobada, pero tiene una segunda parte que no lo es: ¿Por qué la sobrecargo sí puede servir la comida cuando se acaban las turbulencias y el avión lleva un vuelo uniforme? Si lo piensas con cuidado, es un hecho bastante sorprendente. Al fin y al cabo un avión de pasajeros suele moverse a unos mil kilómetros por hora respecto al suelo, y eso es una velocidad enorme. En principio una bandeja debería al menos vibrar. Pero no es así. Si el vuelo de un avión es uniforme, los pasajeros ni siquiera notamos que se está moviendo. Y lo mismo ocurre cuando viajamos en un buen tren o en un buen coche: mientras no haya cambios de velocidad ni de dirección y el vehículo se mantenga en movimiento uniforme, los pasajeros ni nos enteramos de que nos estamos moviendo, al menos que miremos por la ventanilla y veamos los árboles pasar, y podemos hacer dentro de nuestro vehículo las mismas cosas que si estuviésemos en casa quietos.
-Muy interesante Albert, nunca me había detenido a pensarlo de esa manera.
-No mucha gente lo hace Azrael, este hecho es lo que se conoce en física y matemáticas como Principio de Relatividad, un principio que demostró tu amigo Galileo y que nos dice que todas las leyes de la mecánica son las mismas para todos los sistemas de referencia que se muevan de manera uniforme. Este principio nos garantiza que da igual desde qué sistema de referencia midamos los movimientos de un cuerpo: siempre encontraremos las mismas leyes. Solo ha de cumplirse una condición: que elijamos sistemas de referencia que se muevan de manera uniforme los unos respecto a los otros. Utilizando este principio, a finales del siglo XIX, dos científicos estadounidenses llevaron a cabo un descubrimiento sorprendente: la velocidad de la luz es constante en todas partes. Este descubrimiento se conoce con el nombre de Ley de Propagación de la Luz, la cual es una ley universal que nos dice que la luz se mueve siempre en línea recta, y con una velocidad constante de 300 000 kilómetros por segundo. Imagínate Azrael, ¡300 000 kilómetros por segundo! ¿No es maravilloso? Imagina poder moverse a esa velocidad, cruzar grandes distancias en cuestión de segundos y ver el mundo detenido mientras te mueves a esa rapidez. ¿No sería algo magnífico?
-De hecho, sí lo es Albert. Cruzar el espacio y pasar junto a las galaxias y los planetas es algo que no tiene palabras. Entiendo perfectamente a Galileo, a Newton y te entiendo a ti. Esa búsqueda de otros límites, ese anhelo por demostrar que lo eterno existe y ese deseo por tocar el borde de lo infinito. Claro que sé a lo que te refieres Albert, y yo quisiera poder experimentar ese deseo que sientes y que sigue haciendo que tu mirada brille y tu voz se acelere, porque una cosa es tener ese deseo en tu corazón y otra cosa es vivirlo todos los días. Yo quisiera poder sentir el amor que tu sientes por tus libros, esa hambre de conocimiento por cosas nuevas, quisiera poder morder una manzana y distinguir su sabor del de una pera, o sentir el amor que ustedes sienten por sus hijos o por sus mujeres. Creo que has sido un hombre muy afortunado Albert. Pero ha llegado el tiempo, y es hora de que nos vayamos.
-Sí, sí, tienes razón. Ustedes siempre con prisa. ¿Tengo que levantarme? Casi no puedo caminar. Que paradójico. Casi no me puedo mover y yo queriendo viajar a la velocidad de la luz.
-Creo que en eso yo puedo ayudarte. Toma mi mano Albert, y no cierres los ojos, porque este viaje apenas está por comenzar.

martes, 25 de mayo de 2010

Loki.



Patéticos humanos. Tristes y patéticos humanos. Miradlos. Dan pena, dan risa… dan vergüenza. Regocijándose en placeres mundanos, dignos de los animales. ¿Qué saben ellos de las delicias divinas? ¿Qué saben ellos de poder y gloria? Asquerosos. Veneran prácticamente a cualquier cosa que se les ponga frente a ellos que sea ligeramente diferente, y la ponen en un altar y le ofrecen sus ridículos sacrificios en espera de ser recompensados. Dicen que tienen libre albedrío pero en realidad se mueven al compás de las masas. Hacen lo que les decimos que hagan. Hacen lo que yo quiero que hagan.

¡DIOSES! ¡SOMOS SUS DIOSES! ¡SOY SU DIOS!

Puedo hacer que me adoren de mil maneras, tomar la cara y la forma de cualquiera de sus ídolos. Vírgenes y santos significan nada para mí. Leyendas y mitos me vienen bien, mientras tenga un disfraz diferente para cada ocasión y para cada cultura, todos ellos vendrán a adorarme. Puedo tomar la imagen de un Buda o de un cristo, puedo hacer llorar sangre a las estatuas o que millones vengan a mis centro de adoración, que besen los pies de los santos o las astas de los bueyes, ¡porque al final me están besando a MÍ! Tengo tantos nombres, tantos sexos, tantas formas como quieran. Y todos ellos son míos, todos ellos soy yo. En todas las culturas existo. Todos me conocen, pero todos me niegan, todos me ignoran, todos me temen pero todos me buscan. Hipócritas orgullosos, tan llenos de sí mismos.

Pero por supuesto que no me quejo, todo esto es bueno para mí. La confusión, la ignorancia, el orgullo y la fe ciega. Todo eso me hace lo que soy, el Príncipe de la Mentira. El Señor del Engaño. Y es que tan sólo basta con que yo les diga lo que quieren escuchar, lo que quieren oír, y no lo que necesitan saber. Esto es tan fácil, nadie quiere saber la verdad, todos prefieren seguir engañados. Por eso es que voy ganando. Todos se tragan mis mentiras. Todos morirán engañados. Todos y cada uno de ellos morirá creyendo en mis mentiras. Ni uno sólo vale la pena, y tengo millones de ellos para jugar a mí placer.


Pero… me pregunto, ¿qué ve mi padre en ellos, que envía a su hijo, a mi hermano, para salvarlos?

domingo, 13 de diciembre de 2009

Tu fantasma...


Cada paso que doy me pesa más, pero de igual manera, cada paso me llena más de ansiedad, y siento en el estómago ese característico dolor de vacío mezclado con un miedo dulce y amargo. Cada escalón me lleva a la puerta de la casa de la colina, casa única, ajena y familiar para mí, porque, conmigo, tú viviste aquí.

El viento hace crujir las paredes de este lugar, y sus luces parpadean en esta avejentada tarde, donde la Luna acecha mis pasos, donde el reloj dejó se detuvo al cuarto para las tres. Y cuando entro y cierro la vieja puerta, siento que hay algo bailando, aquí entre las sombras… y quisiera tanto que ese algo fuéramos nosotros.

Has puesto un hechizo sobre mí, en esta noche, y mientras cierro los ojos, siento mis pies moviéndose al compás de los tuyos, y mis brazos rodean tu invisible cuerpo, y puedo oler tu cabello mientras enjuga mis lágrimas y hundo mi rostro en tu cuello.

No puedo sacar tu recuerdo de mi memoria, de mi mente. No hay nada que quiera más que sentir el latir de tu corazón encima del mío. Tomo tu mano y caminamos por nuestra abandonada sala, rincones cubiertos de polvo y telarañas, muebles escondidos debajo de grises sábanas, moviéndose alrededor de nosotros, como cuando llegamos la primera vez. Hace tanto tiempo.

Y mientras subimos la escalera a nuestra recámara, seguimos tomados de la mano, siento tu cabeza recargarse en mi hombro, y aunque no puedo ver tu espíritu, puedo jurar que siento tu aliento sobre mí.

La puerta de la habitación se abre, mientras la Luna entra por la ventana, y la cama se extiende al infinito, como el mar a medianoche, y me dejo caer en la profundidad de nuestro perpetuo adiós, en las sombras que ahora habitan nuestra casa encima de la colina… mientras me dejo caer en la calidez de tu fantasma.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Yo te conozco...



No recuerdo cuando fue que entraste en mi vida, pero ahora no encuentro el momento de deshacerme de tí. Te odio. Te odio como nunca imaginé poder odiar a alguien.

Siempre estás ahí, junto a mí. Podría jurar que desde el momento en que nací estabas en el mismo cuarto, observándome desde la oscuridad, en ese rincón al que nadie voltea, porque saben que se van a encontrar contigo. Maldito desgraciado. No me has dejado en ningún momento. En todo momento siento tu presencia, cuando estoy solo o cuando estoy acompañado. Me duermo contigo y despierto y estás ahí, junto a mí. En la calle siempre volteo sobre mi hombro esperando ganarte, pero desapareces de mi vista, y sin embargo sigues ahí.

En cada desgraciado momento de mi vida has estado ahí: cuando te la llevaste, cuando me lastimaste, cuando te lo llevaste a él también, cuando me dejaron solo. Ni siquiera cuando quería llorar pude dejar de verte. Y ahora por fin veo tu rostro. Ya te conozco. Ya sé quien eres. Debí suponerlo.

¿Sabes? Cargo un arma. Sí, seguro lo sabes. Y la bala que trae es para tí. Tiene tu nombre. Tiene tu maldito nombre. Desgraciado.

Pero en todos veo tu rostro. Cada persona que veo en la calle tiene tu jodido rostro.

Pero esta bala tiene tu nombre.

lunes, 13 de julio de 2009

Un pequeño cuento de amor.


Un pequeño cuento de amor.
Deus

Respondí con cierta premura el teléfono, ya que se me hacía tarde para irme a trabajar.
Pero tu voz me dejó helado, derribando mi mundo y destruyendo mi fortaleza. Tantas veces traté de ocultarme de tí bajo diferentes disfraces y máscaras... Y de qué me sirvió... de nada. Estabas ahí, al otro lado de la línea.

Ya no te podía mentir ni dar excusas porque mi tiempo había llegado. ¿Sabes? Ya lo presentía, pero bueno, también me quería engañar a mi mismo pensando que tendría otra oportunidad. Que tonto... ¿En dónde podría esconderme de tí?

Así que... ¿Qué quieres de mí?

sábado, 27 de junio de 2009

Madres de la Noche...

Madres de la Noche
Deus

Si me pongo este top, y lo aprieto un poco más de la parte de abajo, mmmhhh... Así, bien, se me ven mucho mejor mis senos, más grandes y más levantados, de verdad se ven hermosos, redondos, y si este escote lo bajo un poco, procurando que quede un poco suelto, lograré el efecto deseado, que todos me miren, que volteen a ver mis senos.

Ahora... mis piernas se ven hermosas con estas medias. Debo verme bien, debo lucir mejor que nunca, por él. Debo recordar que todo lo hago por él. Es mi vida, mi sol, mi luna y mis estrellas... mi universo entero. Todo debo hacerlo por él, mi hombre. Sé que debo comprar un perfume de mejor calidad, pero este deberá ser suficiente esta noche, no puedo gastar más, todo lo debo ahorrar para él.

Han sido difíciles estos tres años, y no sé a cuántos hombres les he dado derecho sobre mi cuerpo, no sé cuántos hombres me han tocado de tantas maneras diferentes, nunca llevé la cuenta y no quiero saberlo. De alguna manera, el desconocerlo hace esto más fácil... no, no más fácil, quise decir más llevadero. Pero también han sido tres años hermosos, porque él ha estado conmigo.

Él siempre ha estado a mi lado, cuidándome, su mirada siempre atenta a lo que hago, aunque ahora está dormido en la cama, sé que está soñando conmigo, porque a él, a él sí se lo he dado todo, sin reservas, sin límites, sin miramientos. Ël es todo lo que tengo. Mi hogar no está en este mundo, no tengo nada que me tenga atada a este mundo, me podría ir cuando quisiera, pero por él no lo hago. Yo le pertenezco a él. Soy suya.

Estas zapatillas me quedan bien, siempre me gustaron las zapatillas, desde niña. Yo era una niña muy bonita. Todavía lo soy.

Ya casi son las siete, ya me tengo que ir.

Mi ritual cada noche, antes de irme a, a "trabajar", es acercarme a su rostro, respirar su aliento, tomar un profundo respiro de su aliento, lo suficiente para que me dure toda la noche. Lo suficiente para llegar a la mañana.

Me dicen de muchas formas, zorra, piruja, prostituta, perra, puta... pero no importa. Lo único que me importa en todo este mundo, es cómo me dice él... mamá.

martes, 14 de abril de 2009

La Muñeca Rota.


No era de esas muñecas inocentes que desde que la vez tienes ganas de abrazarla y mimarla... de hecho, no sé, no recuerdo como es que llegó a mi cuarto. Solo sé que siempre ha estado ahí, en esa silla, observándome, desde su trono majestuoso entre todos los juguetes, con su mirada fija en mí.

No me ha traido alegrías, y la verdad, tampoco tristezas, pero hay algo que me inquieta. Es como si estuviera viva, como si fuera una persona muda, no sorda, porque estoy segura de que me escucha, sino una persona, pues, silenciosa.

Sigo durmiendo en mi cuarto, y por supuesto, ella sigue ahí, en su omnipresente silla, dominando todo mi espacio. No sé si me vigila para cuidarme o si está ahí por morbo... o peor aún, esperando algo. ¿Qué? No sé... pero esperando.

Creo que con el paso de los años, sus ojos han cambiado, y ya no son los que simulan ser los de una niña. Ahora son los de una mujer en un cuerpo de porcelana. Y no dejan de verme.

Y anoche creo que escuché su voz... dijo que venía por mí. O quizás lo soñé.